Por Héctor Aguilar Camín – La sombra de la regresión

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La sombra de la regresión

Por: Héctor Aguilar Camín| Milenio

El actual gobierno ha destruido muchos de los equilibrios democráticos que necesitaba para concentrar el poder. Pero no todos.     

Conocíamos las debilidades de la joven democracia mexicana, pero no la creímos nunca tan frágil como se ha visto ante los embates antidemocráticos de estos años. El actual gobierno ha destruido muchos de los equilibrios democráticos que necesitaba para concentrar el poder. Pero no todos.     Ha capturado el poder Legislativo, pero no tanto como necesitaba para dominarlo a voluntad. Trata como oficialía de partes al poder Judicial, pero pierde batallas fundamentales en él. Ha nombrado a la gobernadora del Banco de México, pero no ha allanado la institución a sus decisiones.  

Tiene una presencia dominante en medios, pero no ha podido callar a sus críticos. Y no ha sometido al instituto electoral. Tampoco han crecido sus votos, han disminuido, como en las elecciones de 2021, donde la oposición fue mayoría. Quizá este sea el asunto clave: el gobierno no ha podido aplanar la experiencia misma de la democracia, su oportunidad está abierta por el hecho simple de que haya elecciones. No importa cuán inducido sea el voto oficialista, ni cuán desacreditados estén los partidos. Mientras haya urnas abiertas, partidos en competencia y un árbitro electoral independiente, la semilla de la democracia está viva. Y está viva, con ella, la capacidad fundamental de la democracia misma: corregirse, enmendar sus veredictos, registrar los cambios en la libre voluntad de los votantes. Hay sin embargo muchas señales de alarma que atender. Son ostensibles los riesgos de la democracia “a la defensiva” que tenemos, enfrentada a las “pulsiones antidemocráticas” del gobierno, proclive al “oscurantismo”, al “hiperpresidencialismo”, a “un mundo dividido en dos bandos”,  regido por las ganancias del “lenguaje primitivo” (José Woldenberg: Contra el autoritarismo, Cal y Arena, 2021). Tiendo a pensar que lo sucedido en estos años es una anomalía que la misma democracia corregirá. Pero la corrección será cara y larga en todos los ámbitos: de la seguridad a la salud, de la corrupción a la economía, de la infraestructura a la administración pública. El edificio democrático mexicano muestra grietas visibles pero no se ha derrumbado. Habrá que reconstruir lo dañado eso sí, que no es poco, y que la historia apunta cada día. 

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